La odisea de mudarse en Madrid
Bueno, por fin mis compañeros de piso y yo hemos acabado nuestra mudanza de piso… ¡vaya odisea! Y eso que nos hemos cambiado a un piso en la misma calle… Nos encanta la zona
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Esta mudanza ha sido una guerra: quizá no debí acumular tanta mierda, vease, cama de matrimonio, televisor nuevo, varias torres de PC, el portatil, una estantería, maletas y bolsas a tutiplen… Un follón, vamos. Una mudanza costosa:
- 35km en total de recorrido con el coche (ir y venir, pese a ser la misma calle, dar vueltas y vueltas, y recoger diferentes cosas por ahí).
- 10 bolsas de plástico.
- 3 días de trabajo intenso subiendo y bajando cosas.
- 2 moratones en el brazo, se me cayó una bola encima… irónico, en el paintball de este último fin de semana no me ha pasado nada, pero mira tu por donde, haciendo una estúpida mudanza, zasca, golpe al canto y marca en consecuencia.
- 1 Zippo, lo he perdido, ¡maldita sea!
Quizá la mejor anecdota de la mudanza haya sido la aventura de subir un colchón de 1’35 hasta un cuarto piso, sin que pudieramos usar el ascensor (demasiado pequeño). Entre cuatro personas, lo hemos ido haciendo pasar por el hueco de las escaleras, de planta en planta, de una manera bastante divertida. Niños, no lo tratéis de hacer en casa. Afú. Menos mal que no nos vió ningún vecino en ese momento, se hubiera… alarmado
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El piso ha merecido la pena. Al fin tengo una silla decente donde ponerme a escribir con el portatil, un salón lo bastante amplio para ver la televisión en condiciones, y un cuarto con el techo lo suficientemente alto como para que quepa mi poster de La Guía del Autoestopista Galáctico sin tocar con mis monitores, y además ahora podré jugar al DDR: hay un espacio suficientemente amplio como para incluso meterme un par de galletas. Eso si, descuidad, no hay suficiente para jugar un twist y partirme la crisma… todos conocéis mi gran patosidad para cualquier tipo de acto físico.
Mal pensados, no me refiero a eso
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Madrid es una gran ciudad. Estoy encantado de vivir aquí, y no lo cambiaría por nada (salvo por tener el mar cerca… ¡cuánto echo de menos el mar y su estruendo por las noches!), pero todo hay que decirlo: es un puñetero caos de ciudad, una locura, un hormiguero siempre en activo, azuzado por el calor de la combustión y, cómo no, el torrijante sol de la meseta, que quema sin clemencia la coronilla de los madrileños, sean nativos o vengan del cantábrico como nosotros.
La moraleja es: si quieres mudarte y puedes, evítalo por todos los medios. Si tienes la suerte de encontrar un buen piso, no lo sueltes: no hay demasiados, y desde luego no baratos. Y otro consejo: si puedes, no lo hagas en coche. ¡Locura!














Hola Alfonso, he caido de casualidad en tu blog y que graciosa esta entrada!
Yo vivi tambien en Madrid un par de años y me acuerdo de el trajin de coche para arriba y para abajo con mil bolsas! Ahora estoy en Londres y sin coche, asi que miedito me da lo de mudarme!
Lo mejor de todo: finalmente no perdí el zippo