San Juan y el solsticio de verano
Por desgracia, en España se ha perdido gran parte de la tradición que gira en torno al día de San Juan, que coincide con el Solsticio de Verano, en la noche entre el 23 y el 24 de Junio de cada año.
Originariamente, en la noche del solsticio de verano se celebraba el comienzo no solo de la nueva estación, sino que se festejaba un ritual por el cuál se trataba de transmitir nuevas energías al calor del Sol, que a partir de ese momento va devilitando su energía y acortando la duración diurna hasta la llegada del invierno. Además, se consideraba que las llamas de estas hogueras, en esa época concreta del año, ayudaban a purificar a aquellos que se encontraban cerca de su fulgor.
Tradicionalmente en Europa, se trataba de transmitir esa nueva energía mediante grandes fuegos y hogueras hechas en pueblos y ciudades. Con el calor del fuego, se trataba así de avivar al Astro Rey.
A pesar de que en casi todas partes se celebra la misma noche, en realidad la noche más corta del año (y por tanto el momento en que se produce el solsticio de verano) es el día 21 de Junio. Aunque el festejo sigue teniendo relevancia en prácticamente todos los países europeos, tanto en España como Portugal su significado clásico ha ido perdiendo fuerza, para pasar a ser una celebración que ha ido poco a poco cobrando tintes religiosos. En el Reino Unido y otros lugares del Atlántico Norte, también se celebra el día 28 de Junio.
En España, además de crear enormes hogueras por toda su geografía, existe la tradición de tratar de saltar sobre las llamas para así demostrar valía y merecer el calor del Sol a los dioses paganos, aunque en la actualidad ha quedado como una simple brabuconería.