Todas las personas que me conocen profesionalmente saben que guardo en mi interior un gran afecto por la cultura social en la red. Aunque no soy un usuario demasiado entusiasta de redes sociales como MySpace, Facebook y similares, sí que lo soy de otras como Xing o Linkedin, con una orientación más profesional.
Pero quitando mis costumbres en Internet, me gustaría resaltar el carácter cada vez más raso que está tomando la red. Gracias a aplicaciones bien trabajadas que permiten a sus usuarios crear y mantener contenidos personalizados accesibles desde cualquier lugar del planeta y su intercambio con otros individuos, estamos creando poco a poco un nuevo concepto de globalización, donde no es tan importante la imposición de una idea como el compartirla con otras diferentes.
Si bien el blogging es una moda que sigue arriba y ganando más y más importancia a cada día que pasa gracias a su (predicha) imposición sobre algunos medios informativos tradicionales, su integración con la nueva ola de las redes sociales está dando lugar a un inmejorable marco para compartir y dar a conocer ideas, hechos, noticias, eventos, actos, personas, heroes y villanos, artistas, y personajes de cualquier nivel, enfocados de un modo subjetivo y sincero de la mano de cada usuario.
Gracias a la desgraciada pérdida de objetividad por parte de medios tradicionales como periódicos, noticias televisivas, radioprogramas y similares, cada vez gana más terreno la objetividad como aproximación a la realidad, obtenida por la unión y fusión de declaraciones subjetivas aportadas por un gran número de personas de manera simultánea. Mediante la extrapolación de las ideas de unos y otros, podemos acercarnos, de manera más o menos directa, a la realidad del mundo, fuera de cualquier control.
Puede que mis palabras en este sentido a veces puedan tomarse como paranoia: mi desdén por el periodísmo moderno y su subjetividad para enfocar los hechos, influenciados de manera deliberada por organizaciones y gobiernos. Pues bien, no tengo nada de que alegar hacia ello. Es correcto criticarme en este sentido. Lo lamento mucho, pero no puedo evitar dar más credibilidad al conocimiento popular de los pobladores de la Tierra.
Y más allá del derroche de subjetividad informativa (u objetividad por aproximación) del blogging, aparecen las redes sociales. Si bien no tienen una clara fusión con el mundo de los blogs, personalmente me gusta mertlos en el mismo conjunto: una parte de Internet que es dominada por los usuarios, sus contenidos, sus visiones, gustos e intereses. La evolución inexorable del WWW hacia una sociedad globalizada pero, a la vez, multicultural y multiétnica, donde quedan a un lado los intereses por imponer costumbres, símbolos e idiomas.
Armados únicamente con el interés de conocer a otras personas, de aprender, de descubrir, los internautas que nadan en la cibersociedad beben de un agua nutrida de información, medida en unidades que escapan al concepto humano de contar tradicional, rompiendo las inútiles e imaginarias barreras de las fronteras entre paises, ignorando su fantasiosa división y separación, desembocando en un nuevo mundo que aún estamos por descubrir.
Pero aunque mi boca se haga en elogios hacia estas populares tecnologías, no puedo evitar pararme y verlo desde otro punto de vista: el productivo. Actualmente estamos viendo como la moda de redes sociales como MySpace y similares está llevandonos a una desenfrenada cascada de creación de nuevos portales de éste estilo, de redes basadas en diversas temáticas, donde la creatividad de las jovenes promesas del desarrollo digital en Internet se vé perdida en la creación de nuevas aplicaciones de red social, cada cuál de un tema diferente.
¿Es realmente importante esta división? ¿Nos conducirá a un buen lugar crear tantas islas en la sociedad de Internet?
La poligamia en los gustos de los internautas en cuanto a las aplicaciones que deciden utilizar es, como todos sabemos, amplia y abierta. Pero personalmente y seguro que para muchas otras personas, se hace cada día más pesado tener que revisar diariamente tantos lugares de encuentro, aunque lo controlemos desde nuestros buzones de correo electrónico, aplicaciones IM o lectores RSS. Nos estamos decantando por el exceso, promovido por la intención de unos cuantos de enriquecerse explotando la nueva moda, intentando que sus redes sean adquiridas por alguno de las grandes corporaciones de Internet. A mi parecer, un desperdicio.
¿Realmente estas nuevas redes solucionan un problema? ¿Son necesarias? O quizá, ¿serán solo otra repetición más para un nuevo sabor?
La explotación una y otra vez de un mismo paradigma de negocio o de publicación online lleva al aburrimiento y a la sobrecarga de ese sistema. ¿Mataremos la red social como concepto de Internet antes de llegar a su verdadero apogeo? Espero que no… Guardo un oculto y especial añoro hacia esta tendencia de la cultura digital, hacia un mundo donde las personas se interconectan unas con otras, creando una mente colmena colectiva artificial, donde sus nodos sean libres y a la vez interdependientes, enriqueciendose los unos a los otros, y por tanto, a toda la red.
Con ansias espero el triúnfo de proyectos de Google tales como OpenSocial o Google Friend Connect, que puedan facilitar la creación de nuevas aplicaciones de red social pero que, a la vez, permitan una fusión a mayor nivel entre unas y otras, enriqueciendo de esta manera al usuario a la vez que organizando y juntando el tráfico de datos en una misma dirección: el conocimiento y la interconexión entre personas.
Poco a poco iré informando en mi blog sobre los nuevos avances en estas tecnologías.