¿Qué es la Idea Feliz? (parte 1)
En el mundo emprendedor, podemos definir la idea feliz como aquella que nace de pronto, como una explosión en nuestra cabeza, y que nos arrastra a un estado de euforia descontrolada que inevitablemente nos acabará llevando a cometer una estupidez: comenzar a producir esa idea sin pensarlo bien antes de nada.
¿Por qué es una estupidez seguir una idea feliz?
Como su propia definición indica, una idea feliz nace de modo espontáneo y se ejecuta de un modo igualmente irracional. Hay que tener cuidado con ellas, pues suelen ser de carácter seductor y atractivo, ¡saben cómo convencernos de hacerlas caso!
Pero por desgracia, por muy buena que sea la idea, nos va a llevar siempre a seguir unos pasos bien determinados, que comienzan por lanzarnos a toda prisa a llevarla a cabo y terminan con el fracaso y desgaste total del proyecto:
Fases del desarrollo de la Idea Feliz
- Idea feliz
- Euforia
- Intento de análisis infructuoso. La euforia nos pone nerviosos y nos saltamos el análisis. ¡No hay tiempo que perder!
- Comienzo de del proyecto Idea Feliz
- Avance aparentemente bueno de la Idea Feliz. Su duración depende de muchos factores asi que no es predecible.
- Empiezan a aparecer los problemas: aquellos que no se vieron en un inicio.
- Arrepentimiento de la falta de un análisis.
- Arrepentimiento de haber empezado.
- ¡Oh dios mio! ¡¿Dónde me he metido?
- Catástrofe. La motivación y confianza personal desciende por debajo de cero.
- Negación. ¡Yo puedo! ¡Yo puedo!
- Negación doble. No he fracasado + la idea no fué mia / la culpa es de otro / no he tenido apoyo / me duele el dedo gordo de la mano derecha.
- Fin del proyecto Idea Feliz.
Tras el punto 13 la o las personas que comenzaron el proyecto han terminado con su paciencia, esperanza, ambición, ganas, y seguramente su amistad mutua.
Éste principio excelente y su anunciado final no son fruto de la idea en sí, si no de su naturaleza feliz. Cuantos más proyectos desarrollo y planifico, más me doy cuenta de la necesidad de realizar un análisis previo exhaustivo, que cubra todos los previstos que puedan suceder y todos los factores que puedan dificultar el llevar a cabo nuestro proyecto.
Uno de los procesos que más influyen en la fabricación de una idea feliz es, por supuesto, su atractivo. En el mundo de la tecnología, por ejemplo, suelen ser ocurrencias con un aspecto muy avanzado, perteneciente a algunas de las élites tecnológicas de moda en la actualidad (cibernética, web 2.0, domótica, localización geográfica, redes sociales…). ¡Por favor! ¡Es imposible que esto salga mal! ¡Es una idea aplastantemente inteligente! ¡Es un negocio redondo!
Por lo tanto, por favor, repetir todos conmigo…
- No buscaré la idea feliz.
- El Dorado no existe
- Haré un análisis previo a cualquier idea medianamente trascendental que tenga antes de ejecutarla
- Cuando alguien me intente convencer de llevar a cabo una idea feliz o me presione para tomar decisiones importantes en un margen de tiempo ridiculamete reducido… ¡Me negaré!
- Cuando me metan prisa para decidir usando argumentos como “debes aprender a tomar decisiones” o “no veo otra salida, es esto o nada, yo sé lo que me digo“… ¡Me negaré!
Como consejo personal, sobre estos dos últimos puntos, tengo un consejo muy importante para todos: las personas que nos presionan para tomar decisiones trascendentes de manera rápida en base a ideas que ellos mismos han hecho, generalmente intentan vendernos la moto y buscan un apoyo al que agarrarse. No os echeis a sus brazos: si su idea fuera tan buena, no necesitaría convenceros. Ante la duda… calma.
En la segunda parte de este post, que escribiré más adelante, me gustaría presentaros casos y ejemplos claros de ideas felices, en especial aquellas que me he encontrado en mi camino. Algunas os llamarán soberanamente la atención: ¡os lo puedo asegurar!
¡Saludos!