Emprender desde casa… trabajar desde casa
Soñar despierto es gratis, pero a veces existen formulas para poder conseguir objetivos como estos. ¿Alguna vez habeis oído de empresas no unipersonales que realizan sus trabajos desde casa? Seguramente sí, ya que es una práctica bastante extendida hoy en día, en especial en el terreno de la informática e Internet, donde la localización de las personas es menos relevante frente a su capacidad de entrega y aptitudes laborales.
¿Cómo conseguirlo? ¿Es realmente posible crear un negocio donde sus colaboradores y empleados trabajen a distancia con la comodidad de sus hogares? Y más aun… ¿es rentable tener asalariados en estas condiciones?
Realmente son preguntas de dicifil respuesta. Mayormente, porque dependen de factores muy dispares: desde el tipo de negocio hasta la clase de empleados y la confianza que podamos depositar sobre ellos. Esto último en especial nos deja un margen de selección bastante estrecho, ya que, como todos bien sabemos, el número de personas de fiar es relativamente facil de contar.
Además, debemos añadir otro punto crítico: ¿nos fiaremos de esos empleados? ¿Estaremos tranquilos depositando la viabilidad de nuestra empresa en manos de personas a las que, muy posiblemente, no vemos a diario?
La respuesta a todo esto es sencilla de dar. No, aunque con excepciones.
Para empezar, analicemos el asunto de los tipos de negocio. Por supuesto, no voy a repasar todos los tipos posibles de empresas porque, para empezar, aburriría a cualquiera, y además, no estoy familiarizado con tantos como para realizar un repaso claro.
Me centraré en lo que conozco: empresas tecnológicas de software. Evidentemente, este tipo de negocio es, comparativamente, bastante sencillo de llevar a cabo vía Internet desde nuestros hogares. Mediante la explotación de un sistema de control de versiones y una buena comunicación mediante mensajería instantánea (IM), videoconferencia y/o conferencia de voz, unidos a una buena disposición para el trabajo en equipo y la preparación de documentos de desarrollo lo sufientemente explícitos como para no tener que molestarse unos a otros, podremos realizar proyectos de manera eficaz con la comodidad de un ambiente tranquilo, amigable, y adaptado a los siempre maníaticos gustos y estilos de un informático.
Si bien la extravagancia es una cosa muy diferente a lo que un empresario podría buscar para el puesto de trabajo de sus empleados, a veces el que una persona pueda adaptar su cubículo un poco más a sus gustos personales puede, e insisto en puede, mejorar su rendimiento: comodidad, sensación de estar en tu ambiente, y tener todo a tu propio gusto. Aunque pueda parecer vicio, como informático que tiene muchos amigos informáticos, es algo que todos sabemos apreciar en su justa medida. Algunos incluso sin medida…
Ahora bien… ¿podemos confiar en que estas personas trabajen lo que deben? ¿debemos revisar diáriamente sus tareas? ¿pedir resultados instantáneos y un control de tiempos estricto? ¿o debemos marcar objetivos a corto o medio plazo? Este tipo de cuestiones son en última instancia personales, y cada solución tiene sus pros y sus contras.
Pensemos: ¿y si pedimos cada día un informe de trabajo? Esto puede llevarnos al clásico error de la microcontrolación del trabajo, que como todo buen informático sabe, nos lleva al efecto zombie y a la pérdida total de libertad y creatividad para el trabajo del desarrollador, programador o analista. Y, a decir verdad, un profesional de este sector sin creatividad, es algo que carece totalmente de valor.
¿Y si marcamos objetivos a corto/medio plazo? Peligro. Si es poco, caemos en el problema anterior. Si es mucho, corremos el riesgo de perder el control y cometer graves errores frente a nuestros clientes. El criterio de decidir el tiempo aconsejado quedará entonces en manos de la confianza que podamos tener en el trabajo de nuestros profesionales. Aunque sea una decisión poco popular, quizá lo mejor sea adaptar las necesidades de tiempo de manera individual a cada empleado, con el consecuente cuidado a la hora de controlar problemas entre ellos (“¿y por qué tengo yo que presentar informes si Mengano lo hace cada semana y Fulano no lo hace jamás?“). Tener a todos contentos no es un trabajo sencillo.
Pero no todo son pegas y problemas: llega la hora del ahorro. ¿Y si además nos ahorramos un dinero de alquiler y seguros? ¿y si nuestros empleados pueden ganar un dinero extra con lo que ahorraremos en muebles, electricidad, Internet y teléfono? ¿Y si nos lo ahorramos nosotros? Todo tiene sus pros y sus contras.
Bajo mi experiencia personal, el teletrabajo es una idea maravillosa que, bien llevada a la práctica, puede traer grandes maravillas, gusto y disfrute del trabajo y el tiempo libre. Poder compaginar nuestra vida diária con el trabajo de un modo más natural y simbiótico es sano para nosotros y para nuestros colaboradores o empleados. Pero como todo, requiere de un estudio claro y conciso de detalles no tan puramente empresariales, si no más bien… psicológicos y costumbristas.
Eso si. Trabajar en pijama… no tiene precio.